No es una rutina más: es una técnica. Cada paso tiene su producto, su movimiento y su tiempo, y hacerlo bien cambia por completo el resultado.
Vas a encontrar dos rituales, el de la mañana y el de la noche. Marcá cada paso a medida que lo hacés.
La constancia es la que trae los cambios. Un ritual sencillo sostenido todos los días le gana a uno perfecto hecho de vez en cuando: la piel responde a lo que se repite, no a lo que se intenta.